19 abr. 2010

¡ANGER!

Hay veces que a partir de sensaciones nuevas uno aprende a vivir. Equivocándose y cayendo es la única certeza de que aprenderás los grandes baches de esta vida. Aprendí a ser fiel conmigo misma, pero tengo miedo. No me gusta lo que hay allí fuera. Veneno y más veneno. Te inyectan de forma sútil y silenciosa su pudoroso líquido efervescente, del cual estarás presa. Te conviertes en su presa. Y para tí el es tu droga.
Y ahora, totalmente libre de aquella noción perdida en un tiempo transversal, me encuentro tras millones de papeles escritos con tu nombre. ¿Cómo puede ser posible que ni me acuerde de tí? Y en unos minutos llore por que te eche en falta. Creo que te necesito cuando no tengo a quién acudir. Cuando aquella barrera de piedra, o lo que asemeja en el exterior, no es más que una barrera de cristal que al mínimo roce de un pulgar rompe en añicos. Parecer no significa ser. Por eso tengo miedo. A que mil barreras se rompan y ya me quede sin fuerzas. No es tan fácil construírte tu propia cueva dónde te libras de lo que consideras peligroso. Y mucho más difícil es si sabes que realmente una mosca podría contigo misma. Eres tan débil que te dás verguenza a tí misma. Por eso te odias. ¡Por eso odias el exterior! Y por eso no quieres que te hagan daño. Por que quieres, ese sentimiento de los cuales pocos pueden lucir. Al menos antes solía decir 'Suerte que te tengo a tí.'

Ahora solo me queda mi almohada, mi querido oso de peluche y un montón de caricias que quedan en mi imaginación.

5 abr. 2010

Tachán.

-Todavía tengo hambre...
-¿Aún? Te he dado todo lo que tenía, Cassie.
-Tengo hambre, Mario. Simplemente quiero más.
-Yo no puedo darte nada más.
-Esque tú jamás me darás lo que me dió él, ni en tus puñeteros sueños, Mario.

Un clavo saca a otro clavo. Pero uno está más oxidado.

4 abr. 2010

20.



Te empeñas. No te dás por vencida. Cuando mi corazón no es un peluche. Estuvo en quirófano. Y ahora mismo en reposo. Y no, a la próxima no le va a curar una aspirina. Ni un ibuprofeno. Quizá solo el reparo de que desaparezcas de una vez puede que él vuelva a brillar como antes. Y no es culpa mía, de que haya dejado de brillar. Él me mencionó varias veces que fue tu culpa. Sabías que era su punto débil, sabías que era el arma más letal para atacar y romper al corazón en pedacitos de cristal. Sólo una palabra, de pocas sílabas, sin acento, que empieza por una sútil letra de abedecario llamada eme y termina en a. No la diré por que entonces él volverá a quirófano y ya me lo han dicho todos <>

Es difícil. Él lo sabe. Le costó acostumbrarse a estar sin tí. Por que cuando provocaste que diese brincos, cuando esa vez estalló en éxtasis... Aquel mes frío y lluvioso dónde él notó tu piel, la rozó y ... qué coño, él brilló más que el Sol en un atardecer despejado. Pero es como hacer una pausa y revovinar. Dar marcha atrás y resumir lo que sucedió todo ese tiempo. Aquel tiempo que vivió en mi imaginación. Parece que haya retrocedido diez años en aquel momento. Como una bella historia que inventa una niña, de su príncipe azul y ella la princesa a la que quiere. Pero fue y será eso, producto de nuestra imaginación. Cuando te enfrentas a la realidad es todo más duro y frágil. Luchar por un sentimiento que nisiquiera sabes con certeza para quién es. Pasará el tiempo, correrá más rápido que un avión. Irá tan deprisa que no lo notaré. Pero él lo notará. Como nota la ausencia, la lejanía y la impotencia. Ahora descansa. Calentito, duerme en un profundo sueño. No...no quiero que despierte. Que vuelva a quirófano.

Déjame una aguja, un par de hilos y un reloj. Hago el nudo, pongo la hora y coso mi corazón.