23 mar. 2010

Rosas, margaritas y claveles.

Iba a ser mamá. Me han salido varias raíces ya y estoy ansiosa por que broten las semillas. ¡No puedo estar más nerviosa! Voy a tener a mis primeros abetitos. Los llamaré de los nombres más bonitos de la naturaleza. Sí, sí, serán los más bonitos de este mundo. Los protegeré, les daré mi agua, mi sombra y mi amor. Voy a quererlos como no quise a nada tanto en este mundo. Pienso cuidarles más que a mi propio tronco, más que a mis hojas, ¡más que a mis raíces! Todo lo daré por ellos. Y sólo quedan unos días para que florezcan. Irán poco a poco, llámandome en diminutos susurros y acariciándoles con el sonido de mis hojas provocado por el viento. Los días que el Sol acaricie sus bellas hojas trataré de taparlos para que no se entristezcan. Los días de lluvia los acobijaré para que no pasen frío. Van a ser los abetos más bonitos que jamás hayan existido. Los más, más bonitos.

¡Ahí, ahí está el primero! ¿!Lo ves¡? ¿!Cómo que no lo vés¡? ¡Sí, sí! ¡Ese! ¡Hola cariño! Qué bonito va a ser. ¡Allí está el otro! ¡Amor, soy tu madre! ¡Sí, soy yo! (Hizo un ligero movimiento de sus hojas) ¡Aquí! (Los abetos mueven sus hojas hacia la dirección de la madre abeto).

Ya tienen tres meses. ¿Sabes? Están floreciendo de una forma realmente fantástica. Me he desvelado noches enteras para cuidarlos. Por suerte ningún humano los ha pisado, ningún animal los ha tocado tampoco. El viento les avisó que no lo hagan, le estaré muy agradecida siempre.
Cuatro meses. ¡Les ha salido la primera hoja! Estoy tan...ilusionada. Su tallo brilla más que ningún abeto de aquí, y con los rayos del Sol que los baña de sus maravillosos colores resplandecen más que nunca.
Cinco meses. Este mes ha sido lluvioso. Apenas el Sol ha salido y tuve que cuidarlos mucho. Unas pequeñas gotas azotaron sus hojas y alguna que otra de ellos ha caído. Por suerte ya tienen algunas cuantas y no se tienen en falta.

Hoy...hoy les he cantado una nana. Se han dormido como tres tortolitos. Ya no sé como describir el amor que siento por ellos. Son increíblemente fantásticos. Está a punto de llegar la primavera y ya rozan las pequeñas flores en sus tallos.

Me siento orgullosa. Cada uno ha tenido una flor diferente. Uno rosas, otro claveles y el más pequeño margaritas. Aunque hayan más margaritas en el bosque él es el más bonito de todas las margaritas de aquí.

Esta tarde les enseñé las maravillas del paisaje. Todos me preguntaron cosas que me hicieron sonreír más que nunca. Tienen un carisma impresionante. Son los mejores hijos que pude tener y tendré nunca. Y nunca llegué a creer que iba a querer tanto tanto como los quiero ahora mismo. Podría dar mi vida por ellos...podría no, daría.

Me he despertado. Unos niños vienen de excursión. ¡Ugh! ¡Y yo que estaba durmiendo la siesta! Ahí están. Qué monos, todos contentos, sonríendo y algunos de la mano. A veces me gustaría sentir lo que es tener unos pies y poder caminar más allá de aquí...sientes impotencia al estar pegada al suelo. ¡Oh, mira! ¡Ese niño se acerca! Qué bonito es, ¿no? Anda, si está hablando con mis hijos... Espera, alto, ¿qué haces? ¡NO! ¡PARA! ¡¡¡¡¡¡¡¡PARA!!!!!! ¡DILES ALGO, VIENTO! ¡LLÉVAME HASTA ELLOS! ¡DILES QUE PAREN! ¡DEJADLOS, SON MIS HIJOS! ¡PARAD! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NO!!!!!!!!!!!!!!! ¡AL TALLO NO! ¡Hijos! ¡No, vosotros tampoco! ¡No los piseis! Porfavor...porfavor parad. Dejadlos... hijos... lo siento. Lo siento ... no puedo moverme. Lo siento muchísimo....

A los pocos días la madre abeto se marchitó. Murió con la desesperación de no poder hacer nada por ellos. La mató el amor por sus hijos.

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