11 ene. 2010

Corazón.




Exclusión. Llevamos dentro una marca, algo que nos diferencia, que nos hace especiales, únicos. Cada marca señala cada uno de nuestros puntos débiles. Es algo frágil, que no suele salir a la luz. Se siente ingenuo, preso del dolor y no quiere darse a conocer. Quiere y no quiere, pero solo cuando le dan la mano, cuando tiene la sensación que le dan ese afecto, ese cariño que tanto pide y la confianza que diga : 'Toma mi mano, ven, yo te protegére'. Ya no quiero nada de eso. Tengo una presión que se aferra a mí, de manera titilante y no deja de llorar. Ha sufrido. Le han machacado con mil palos, una, y otra, y otra vez. Se ha dejado llevar. ¡Se ha dejado querer! Y ahora el daño ya está hecho. Agujas, hilos... nada puede coserlo. ¿Medicamentos? ¡Tampoco! Y...¿una operación? ¡No!. Se cura con el tiempo. El tiempo reduce daños y vuelve a su estado. Pero no al de siempre. Cada vez que lo apalean es más delicado, mucho más distante. Ayer me contó que quería dejar de dejarse llevar. Y yo ahí, en un inmenso dolor, profundo y sincero, le susurré :

Chiquilla... cuando se enamora... pierdes los principios, hasta que llega el final como una gran patada inesperada.

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